El ministro obispo

ministroobispo

Fernández Díaz llega al Congreso. Baja de su coche oficial y se dirige hacia el interior del hemiciclo. Bajo su brazo, una carpeta con papeles que leerá ante la comisión. Podría vestir perfectamente sotana y alzacuellos (no olvidemos que Fernández Díaz es un obispo del siglo XVII reencarnado en ministro de Interior 400 años más tarde), pero viste chaqueta y corbata. Chaqueta azul marino y corbata verde Guardia Civil. La elección de los colores no puede ser casual, porque de eso precisamente viene a hablar: del mar y de la Guardia Civil.

Hoy no toca explicar cómo Santa Teresa de Jesús ayuda a nuestra patria en tiempos recios. Hoy no toca comparar el aborto con el terrorismo. Hoy toca subrayar el carácter benemérito que en la historia de España siempre ha tenido la Guardia Civil. Fernández Díaz se sienta y comienza a ofrecer datos de lo ocurrido. La Guardia Civil actuó de manera impecable. Los disparos contra quienes estaban en el agua fueron beneméritos. Los inmigrantes eran ilegales y violentos. ¿Los muertos? Una pena, pero se hizo lo que había que hacer. Además, murieron en aguas marroquís, no españolas. Frialdad absoluta en sus palabras. Está claro que habla el Fernández Díaz ministro de Interior.

Hecho el relato técnico, Fernández Díaz se coloca la sotana y el alzacuellos y la frialdad del ministro deja paso a la piedad cristiana. Comienza a hablar de ese drama que generan las mafias que trafican con personas. Los que hace un minuto eran ilegales a los que se les disparó de forma legal, por obra del Espíritu Santo se acaban de convertir en personas. Personas traficadas. El ahora Obispo Fernández Díaz explica, con sentimentalidad, cómo estas personas pagan grandes cantidades de dinero a sus traficantes para que las trafiquen. Un lío difícil de entender, pero de la homilía se desprende que el drama está en los precios, que están por las nubes. Según el Obispo Fernández, estas personas pagan mucho dinero, y todo para nada, porque luego, al llegar a las costas españolas, la Guardia Civil del Ministro Fernández les dispara como ilegales, cuando pagaron billete de persona. Un follón.

Y en esa delgada línea vive el ministro obispo. Una delgada línea de color gris. Gris de otra época. Gris rancio. Si el gris tuviera un olor, olería a Fernández Díaz. Sería una mezcla entre aroma a despacho de alto cargo e iglesia cerrada.

Anuncios

Historias de Gamonal

Hoy publico Historias de Gamonal con los amigos de Tercera Información:

Viernes por la noche. David  y un par de amigos, vecinos de Gamonal, protestan en la calle Vitoria por el inicio de las obras del bulevar. Tienen alrededor de 20 años. La situación es tensa. Ha habido quema de contenedores y lanzamiento de piedras. La policía se posiciona. Comienzan las cargas y las detenciones de quienes están por la zona. David y sus dos amigos deciden alejarse un poco. Mientras caminan hacia una calle perpendicular a la calle Vitoria ven a lo lejos una furgoneta de la policía parada que, de pronto, arranca a gran velocidad. Va tan rápido que piensan que va a pasar de largo. Pero no. Se para en seco a la altura del grupo y bajan varios antidisturbios. David y los amigos salen corriendo. Porque ya habíamos visto antes cómo se llevaban a muchos que no habían hecho nada. La policía consigue coger a uno de los amigos. David y el otro escapan. De momento.

Durante varios minutos, sus intentos por salir de la “zona cero”, como él la llama, se traducen en carreras infructíferas de un sitio a otro en las que se van encontrando policías en cada esquina. En este momento, ya saben que si pasan cerca de alguna furgoneta, la visitarán por dentro. Siguen deambulando por la zona cuando de un coche sin identificar bajan tres policías que van tras David y el amigo. Yo ya llevaba corriendo demasiado tiempo y ellos eran tres y estaban descansados, no valía la pena correr. Por eso se queda quieto. Un policía menos corpulento que David intenta hacerle un placaje y tirarlo al suelo, pero no lo consigue. David aguanta de pie. Otro compañero policía se acerca por detrás y le coloca unos grilletes. Entre tanto, el amigo ha logrado escapar.

David está detenido y esposado dentro del coche de la secreta. Al cabo de unos minutos llega hasta allí una furgoneta antidisturbios. La policía hace el transbordo de un vehículo a otro. En su interior esperan otros tres detenidos. Con el pasaje completo, arrancan en dirección a la comisaría. En el trayecto los cuatro hablan. Todos coinciden. Es la primera vez que se ven en una situación como esa. Ninguno parece pertenecer a grupos violentos experimentados. Una vez en comisaría a David le quitan las esposas y le obligan a entregar sus pertenencias. Le hacen la ficha policial y lo meten en un calabozo. Llaman a sus padres para comunicarles la detención. Es la 1 de la madrugada. No saldrá de ese calabozo hasta las 5 de la tarde del sábado.

Anabel  es catequista en la Parroquia de la Inmaculada . En una habitación vacía de la iglesia, ocupada sólo por una mesa y unas cuantas sillas, tiene su sede la Asociación Vecinal las eras de Gamonal. Anabel es muchas cosas; estudiante, trabajadora a tiempo parcial y también presidenta de la asociación. Estamos a principios de 2012. Esta tarde se reúne con Mila, Paco, Ana y Nieves  para hablar del plan presentado por el ayuntamiento para su barrio. No les convence la obra del bulevar. No soluciona los problemas de aparcamiento, ni los problemas de tráfico y el coste es elevadísimo. Por temas presupuestarios se están cerrando servicios públicos, se están subiendo impuestos, el alumbrado se enciende más tarde… No tiene sentido un derroche de millones de euros en algo que ni es prioritario, ni soluciona el problema que dice pretender solucionar en el barrio. Desde este momento Anabel y los otros asiduos de la asociación, unas ocho personas en total, empiezan a trabajar. Puerta a puerta, vecino a vecino, escrito a escrito, enfrentamiento tras enfrentamiento con el ayuntamiento y los poderes de la ciudad.

Esta labor de hormiguitas cristaliza año y medio después en la Plataforma Contra el Bulevar. Anabel y el resto abandonan sus reuniones en la pequeña habitación de la parroquia y se trasladan, junto a más gente, que se ha ido uniendo al movimiento, a la Casa de la Cultura, que tiene salón de actos. La primera reunión es un éxito. Más de 60 vecinos se han acercado a participar. El movimiento se mueve. Días más tarde, el aforo de 500 personas del salón de actos está completo y cientos de vecinos se han tenido que quedar a las puertas. A los que no han podido entrar se les informa al terminar la reunión. Dentro se ha acordado una manifestación y una nueva reunión unos días después. El movimiento se hace fuerte.

A las 5 de la tarde del sábado trasladan a David de los calabozos de la comisaría hasta el juzgado. Un nuevo calabozo. De nuevo a esperar. Horas más tarde un policía va a buscarlo. Vuelve a ser esposado. Con los grilletes puestos, sube unas escaleras y llega hasta una sala en la que esperan el juez, el fiscal y el abogado de oficio. Te sientes como un terrorista o algo así. Se le toma declaración. Vuelta al calabozo escaleras abajo y a seguir esperando. Unas horas después vuelven a llamarlo y David vuelve a subir las escaleras, de nuevo esposado, hasta la misma sala. Le anuncian que queda en libertad con cargos y que, por riesgo de fuga, tiene que pasar los días 1 y 15 de cada mes por esos juzgados a firmar, hasta que se celebre el juicio. Son las 4 de la madrugada. Puede irse. Han pasado 27 horas desde que aquel policía secreta lo detuvo. Vuelta a casa. David no lo sabe en ese momento, pero los incidentes del viernes y las detenciones iban a ser la mecha de un incendio social y mediático que pondría a su barrio en el centro de las miradas de todo el país.

El Ministerio del Interior no señala a David, sino a “grupos violentos itinerantes”, llegados de fuera, como responsables de los disturbios que llevan produciéndose ya tres días en Gamonal. Nadie los ha visto. La realidad es que los detenidos resultan ser todos burgaleses, pero el Ministerio apunta y muchos medios de comunicación disparan con esa historia. Por algún motivo no se contempla la hipótesis de vecinos defendiendo sus intereses. Al mismo tiempo, Ana Botella condena los “atentados” de Burgos.

En este contexto, el lunes por la mañana, RNE  conecta en directo con el periodista Paco Peñacoba, que sobre el terreno cuenta cómo hay unas 150 personas concentradas para evitar que se reinicien las obras. Durante la conexión, el periodista recuerda lo sucedido los días anteriores y narra cómo grupos de ciudadanos han actuado de forma violenta, “rompiendo las lunas de algunos comercios”.  En ese momento, un señor le interrumpe: No digas mentiras. Comercios ni uno. Bancos, que entendemos que también son culpables. Bancos. Comercios ni uno. El periodista, a continuación, rectifica: Es probable que comercios no hayan sido atacados. Desde Madrid, Alfredo Menéndez, conductor del programa Las Mañanas de RNE, interviene para exigir que dejen hacer su trabajo con tranquilidad al periodista que estaba dando una información errónea.

La de los medios de comunicación es una trinchera más de esta batalla, que tras unos días de desinformaciones también van ganando los vecinos a base de pedagógicas explicaciones en cada red social, en cada micrófono, en cada cámara de televisión que se les pone por delante. Alberto y Eneko aprovechan un micrófono de radio para responder a acusaciones como las de Ana Botella, Interior o El Diario de Burgos (propiedad de Méndez Pozo, cuya empresa es adjudicataria de las obras de construcción del bulevar): Estamos luchando por las infraestructuras, por los servicios públicos. Y como no tienen argumentos contra esta mayoría del barrio que está aquí, criminalizan el movimiento con unos argumentos que no se sostienen. Los detenidos son gente del barrio. Son gente de aquí. Y lo que está pasando aquí no son actos de violencia. Es un acto de civismo.

Se empiezan a convocar marchas de apoyo a Gamonal a través de las redes sociales. Miércoles. Puerta del Sol de Madrid. Tras la victoria parcial que supone la paralización temporal de las obras de Gamonal, varios cientos de personas se concentran en la capital del país para mostrar su apoyo a los vecinos de este barrio y pedir la libertad de los detenidos. Ana Botwin es una conocida y combativa activista en redes sociales y asidua a este tipo de actos. Ana lleva varios días atenta a todo lo que ocurre en Burgos. A través de twitter especialmente, o de lo que le van contando compañeros periodistas que se han desplazado hasta allí. Ana vuelve a Sol como tantas otras veces durante estos últimos años. Me llamó la atención la cantidad de gente que había, yo me esperaba menos, y el hecho de no ver muchas caras conocidas, lo cual siempre es una buena señal. Había mucha gente joven, algunas banderas, bastante fuerza y consignas combativas. Más tarde la manifestación se desplazó hacia la Gran Vía, donde, como en Burgos, hubo incidentes y detenciones por parte de la policía. Una semana después, Gamonal sigue siendo tendencia en las redes sociales en un extraño matrimonio entre tecnología y lucha a pie de calle que crea pequeños y necesarios efectos mariposa.

Me despido de David por teléfono.

– ¿Has vuelto a bajar a las protestas después de la detención?

– El lunes pasé por la zona, porque ahí es donde pillo el bus para ir a la facultad, pero no me apetece nada bajar. Y encima ahora estoy de exámenes y con lo del juicio y la detención no tengo la cabeza como para estudiar precisamente.

– Oye, han paralizado las obras de momento…

– Sí, lo sé -me dice cambiando el tono de voz, que se vuelve alegre por primera vez en toda la conversación.

Así es por dentro La Gaceta, según un periodista de La Gaceta

11 de septiembre. La Diada. Una cadena humana rodea Cataluña pidiendo independencia. Sobre el cielo de Barcelona, Intereconomía aprovecha la oportunidad para jugar a la provocación con una avioneta publicitaria dando vueltas. Alguien me asalta con un mensaje privado en Twitter: “Trabajo para Intereconomía, en La Gaceta, y aquí está todo el mundo indignadísimo. Hay muchas nóminas atrasadas, y estos cabrones contratando avionetas”.

Me cuenta que hay mucha gente en la redacción deseando hablar, pero no se puede. El que lo haga va a la calle. Me describe un ambiente de caza de brujas: “Los de arriba tienen chivatos que te rastrean por las redes sociales y señalan a quienes consideran desleales. Que definan lealtad, cuando hay gente con cuatro hijos sin cobrar”.

Después de una larga conversación, decidimos que voy a publicar su versión de cómo funciona La Gaceta por dentro y que él, por razones obvias, queda en el anonimato. Desde el 11 de septiembre hasta ayer, día en el que se conoce el cierre de La Gaceta en su versión papel, intercambiamos correos y conversaciones en los cuales hablamos de todo un poco.

Le pido, para poner las cartas sobre la mesa, que se sitúe ideológicamente.

Me considero una persona de izquierdas, pero no me gusta la mentalidad parasitaria que hay detrás de muchas organizaciones de izquierdas.

No es un bicho raro en este sentido, según me cuenta.

La gente en la redacción es muy normal, salvo dos o tres que van con los tirantes, el bigote y la gomina, el 90% de los de abajo sudamos de filiaciones políticas.

Le pregunto por su valoración, como profesional del periodismo, del funcionamiento de La Gaceta.

La Gaceta, igual que Intereconomía, es un proyecto encaminado a la ruina desde el minuto uno. No sé hasta qué punto Julio Ariza (propietario del Grupo Intereconomía) sabía esto. Me imagino que estaría convencido de que los políticos, en este caso Rajoy, iban a salvarle, favoreciendo a ‘La Casa’ como interpretan que hizo Zapatero con La Sexta. Ellos quieren ser La Sexta de la derecha, sin estudio de mercado ni nada. Creen que es viable dirigirse a una derecha orgullosa y algo macarra. Han querido jugar siempre en una liga que no les correspondía, y eso ha sido porque sus tres directores en los últimos 20 meses, a quienes conozco personalmente bastante bien, se creían que estaban en un gran medio nacional, cuando sólo hace falta darse una vuelta por la redacción para ver lo cutre que es todo y el caos que se forma siempre a última hora. A las 9 el periódico está cerrado y sobre todo en estos últimos meses, con mucha menos gente en maquetación, informáticos, editores y periodistas, salíamos con muchísimos errores graves en las páginas.

Antes, en las cenas de empresa se sorteaban coches. Sí, coches. Tú ibas a la cena, faraónica, claro, con actuación de Los Clones, y podía tocarte un coche. Ahora deben lo que deben a todo el mundo. A Mutua Madrileña le deben 3 millones de euros del alquiler de Castellana, eso es algo que no se sabe.

El periódico ha demostrado independencia antes de morir. Un clásico: despechados, critican a políticos y bancos que les han dado la espalda antes de cerrar. Los de arriba se dirigen a los empleados con discurso victimista. Pero es imperdonable toda la mierda que hemos publicado.

Hablamos de las famosas portadas de La Gaceta, que tanta sensación causan en las redes sociales.

Te puedo asegurar que todo el mundo se ríe. De hecho, incluso las compartimos entre nosotros por Whatsapp. La portada la decide José Antonio Fúster (el director actual), que el pobre cree que tiene muchas luces, pero en su despacho sólo había una bombilla, y a menudo estaba apagada. Con eso te digo todo.

Le pido que me hable de la mítica portada de Jaime Ostos.

La portada de Ostos se decidió en el último segundo. Hubo un descojone generalizado. Acababa de tomar posesión de la dirección del periódico José Antonio Fúster, que sustituía a Javier Esparza. Fúster es más joven y de ideas más jóvenes, o eso quiere transmitir, aunque sea un ‘republicano de Michigan’. Un día, un redactor, Javier Torres, al que le encantan los toros, apareció con una entrevista a Jaime Ostos y unas fotografías. Fúster pensó que se hablaría muchísimo de esa foto si salía en la portada y así lo hizo. Javier Torres ni se imaginaba que su entrevista iba a salir en portada. Y menos la fotografía. Pero así fue.

Aprovecho para darte otro apunte. Fernando Díaz Villanueva es de los mejores periodistas y de las mejores personas y más trabajadoras que ha pasado por aquí. Fue el autor de “Hasta nunca Público”. Fue un error. Él tiene cosas personales con Jaume Roures. Si preguntas a Pablo Iglesias o a Tania Sánchez te van a hablar maravillas de Fernando, te lo aseguro.

Día a día en la redacción.

Tenemos una redacción integrada para ‘crear sinergias’ y la excusa es que somos un medio web con versión impresa.

La mayoría de la editorial de La Gaceta en papel se pasa a la web, porque un número preocupante de firmas no saben ni utilizar un teléfono móvil, y el resto, salvo De La Cigoña, son unos vagos irremediables, que siempre se las arreglan para no dar palo al agua e insinuarse a toda mujer que haya por allí, contratada o becaria. Son 12-20 personas las que escriben con regularidad en la sección editorial, esas son todas de derecha pura. Representan un porcentaje bajo de la gente que trabaja en el periódico y la web.

El tratamiento que se la da a las noticias se hace con el objetivo de polarizar a la gente. Creas un conflicto con una noticia que atraiga a trolls, defensores a ultranza y gente enfadada, gente que se registra en la web solo para opinar o para poner cosas que no vienen a cuento, esa gente da muchos beneficios a la web. Hablas de sanidad pública, educación pública, aborto, fumar en los bares, subvenciones a inmigrantes, lo que haga falta. Por lo general no hace falta ni si quiera opinar, en serio, muchas veces cortamos y pegamos el teletipo de EFE y añadimos ladillos, entradilla, jugamos un poco con el titular, ponemos negritas y cursivas, y el resto lo hace la gente. Puedes ver como muchísimas noticias de política interior van idénticas en El Correo, Público, La Información, La Razón, ABC… No varía ni una coma. Luego dejas que la gente discuta en el apartado de comentarios y listo.

Relaciones personales entre los trabajadores.

Son muy buenas, por lo general. Te puedo asegurar que en la redacción, entre compañeros, siempre se guarda un donut cuando nos envían los lunes una caja de regalo y que cuando alguien lleva una tarta por su cumpleaños, se guarda un trozo generoso para el que no esté allí en ese momento.

En la redacción de la web/papel no se habla nada de política, sólo se discute de vez en cuando, cuando llega algún listillo a dar lecciones, que normalmente (no siempre) acaba dándote la razón por una cuestión de pereza

De los que escriben columnas, la mayoría, ni se pasa por la redacción, y muchos se llevan fatal entre ellos. Por así decirte, puede decirse que hay cuatro líneas de pensamiento en Intereconomía, dentro de los que son de derechas: Una es la militarista. Creen en la pena de muerte, pero no en el aborto. Son muy fan de la jerarquía. Les encanta que les inviten a actos oficiales del ejército, simulacros de la policía… Otra de las líneas de pensamiento es la cristiana puritana. Los piadosos, que no son pocos. Contra la pena de muerte, a favor del nuevo Papa, pro defensa de los animales, pro vida y anti eutanasia. Puede decirse que tienen buen corazón, aunque son un poco hipócritas haciéndose los longuis cuando pasan cosas dentro de la Iglesia. La tercera línea de pensamiento es la liberal (económicamente hablando). Gente a la que se la suda la política y los políticos, no tiene ni una palabra buena para ninguno de ellos. Sólo ven políticos malos, da igual PP que PSOE. Quieren vivir con todo privatizado, suelen reírse de los andaluces y defender a los alemanes. La última línea de pensamiento es el de una derecha moderna y rejuvenecida. Que respeta a los gays, les gusta viajar fuera de España, tienen muchos amigos de izquierdas y les encanta salir en la tele. De estos quedan pocos.

Los únicos que defienden todavía a Ariza son, o porque cobran por debajo de la mesa, o porque son totalmente serviles y estúpidos. Te puedo poner varios ejemplos de inutilidad máxima. Uno es Julen Ariza, el hijo del dueño, que sencillamente no puede enterarse de menos de lo que pasa, porque no se entera ni de la hora y sin embargo se cree Steve Jobs. Otro que tiene mucha influencia es Roberto Blanco Brime, un fascista convencido que adora ir a chivarse al jefe de todo lo que se dice en la redacción.

¿Cómo va el tema de la “caza de brujas”?

Hay gente trabajando todo el día para saber de quién es un perfil de Twitter en concreto: LaNotariadeInte, que filtra cosas de directivos. En vez de sospechar de directivos, sospechan de abajo. Pueden culpar a una persona cualquiera de estar filtrando cosas. Son unos zopencos integrales. Arriba hay verdadero pánico por lo que se publica cada día en esa cuenta. Nadie sabe quién es, pero maneja información sensible. Ahí puedes encontrar un montón de cosas, y son verdad.

Butch Cassidy y Sundance Kid contra la Historia

doshombresyundestino

La otra noche, mientras Butch Cassidy (Paul Newman) y Sundance Kid (Robert Redford) cabalgaban las montañas en la pantalla de mi ordenador, huyendo de los mercenarios a sueldo del propietario de la compañía de ferrocarriles, me preguntaba por qué no habría visto antes esa maravilla de película.

Es algo que me pasa a menudo. Cada vez que me siento ante una de esas pelis consideradas obras maestras, me pasa lo mismo. Lleva grabada un montón de años, idiota, ¿por qué no le habías dedicado tiempo antes?

Tengo tendencia al escepticismo. Al exceso de escepticismo. No porque una película, un libro, un disco… sean considerados obras de arte, doy por hecho que a mí me lo parecerán. Al contrario, justo por ser considerados tal cosa, casi siempre los pongo en cuarentena. Y siempre me equivoco.

Una vez entrevisté al antropólogo Manuel Delgado (U.B.). En un momento de la conversación empezamos a hablar sobre acontecimientos de la Historia alrededor de los cuales había girado cierta polémica. Normalmente hay que desconfiar del relato oficial. Y si política y prensa coinciden en el relato, hay que dar por hecho que no fue así como pasó: ahí se esconde una mentira, opinaba Delgado.

Uno debe acercarse con mucho cuidado a la versión oficial de la Historia, sus acontecimientos, sus héroes y protagonistas. Pero pasa algo en el Arte que no pasa en otros ámbitos. En el Arte puedes, por lo general, agarrar la mano de su versión oficial. En el Arte no saben moverse bien los dueños de todo, los mercaderes de siempre. El Arte es un reducto. El Arte es la Marinaleda de la Historia.

Resulta que, probablemente, El Padrino, Ciudadano Kane o 12 Hombres Sin Piedad, consideradas algunas de las mejores películas de todos los tiempos, lo sean. Es muy probable que autores como García Márquez, Tolstoi o Cervantes, oficialmente algunos de los más grandes juntando letras, en efecto, hayan escrito algunas de las mejores obras. Y no es de extrañar que Da Vinci, Goya o Van Gogh, hayan pasado a la Historia poniéndose delante de un lienzo, porque seguramente lo merezcan.

El Arte funciona de una manera distinta. En el Arte transciende el talento y el cariño por el oficio. Resulta que en el Arte, considerada la gran mentirosa, al final manda la verdad. Cuando, dentro de unos años, el tiempo ponga en su lugar a dos personas de éxito de hoy día, como Obama y Justin Bieber, no sabemos dónde colocará la Historia a Obama, pero sí sabemos dónde pondrá el Arte a Justin Bieber.

La guerra del relato de la Historia y sus protagonistas la tenemos perdida, pero mientras la perdemos, siempre podremos cabalgar montados en el Arte, huyendo como buenamente podamos del dueño de los ferrocarriles y sus mercenarios a sueldo, y así, ir ganando la batalla a nuestra manera.

La fiesta

BbMewU2CQAAFeNiEs la fiesta del post-aznarismo. Ya no hay bigote. Ahora hay melena. Ya no hay favores que hacer en Caja Madrid, Telefónica o Irak. Ahora viene el momento de cobrarse los servicios prestados durante el mandato. De recoger medallas y dar lecciones de vida en un inglés sin complejos en cualquier universidad americana. Es tiempo de sentarse a disfrutar de la obra realizada, del legado que queda. A la derecha de la imagen, en un sofá de rayas mareantes se funde parte de ese legado. Son Miguel Blesa y Carmen Cafranga, presidente de Caja Madrid y presidenta de su Fundación. Amigos y residentes en Madrid.

Aún no ha explotado la burbuja inmobiliaria. Los pobres aún no saben que lo son. Las preferentes están en camino. Son buenos tiempos para la picaresca de chaqueta y corbata. En la sonrisa, sonrisa sincera de los tres, puede percibirse la gran satisfacción que supone haber llegado tan lejos con tan poca cosa. Parece sencillo pero no lo es. Ser amigo de la persona adecuada, hacer los favores en el momento correcto y carecer de escrúpulos. Tiene su mérito. Tanto mérito tiene que hay que celebrarlo. En las paredes de esa habitación, tan rancia como los personajes que la habitan, aún deben de escucharse los ecos del brindar de copas y el encender de puros.

Nelson Mandela y el chico de Albacete

mandela11

-¡Hombre! ¡Nelson Mandela! Un placer recibirle.

El chico, de veintipocos años, sale de una especie de casetilla con una pequeña ventana, como las que tienen los vigilantes de seguridad a la entrada de algunos recintos.

-¿Tú quién coño eres, chaval? Esperaba encontrarme a algún pez gordo recibiéndome en el Cielo.

-Madiba, esto no es…

-Luego me cuentas, que vengo de la otra vida meándome y no aguanto más. ¿Dónde está el baño? Y a propósito, no me digas Madiba, que no somos amigos.

-Puede usar ese de allí. –señala el chaval hacia un habitáculo en medio del paisaje árido.

-Hostia puta. Pero eso es un retrete portátil, como los que ponen en los festivales de música. Vaya recibimiento. Manda cojones…

El símbolo mundial de la paz y la reconciliación se dirige hacia el retrete, con paso lento pero decidido, apoyándose en su bastón de madera y quejándose de forma airada. Minutos después, Mandela abre la puerta y sale del retrete al tiempo que se sube la bragueta.

-Bueno, chaval. Dime dónde está mi habitación, que vengo cansado del puto viaje.

-Acompáñeme, –dice el chico al tiempo que agarra la maleta de cuero con asas de Nelson Mandela y le indica la dirección hacia la que ambos comienzan ya a dirigirse con paso lento- su habitación está a unos minutos de nada, señor.

-¿Cómo te llamas?

-José Miguel.

-Vaya nombre ridículo. ¿De dónde eres?

-De Albacete. España.

-Sí, hombre, España. Lo conozco bien. Buena comida y muchachas guapas. He estado varias veces. La última, cuando me dieron el premio de no sé qué pollas de reconciliación. Estuve con tu Rey. Un buen tío. Aunque un poco borracho, tengo que decirte. Durante la cena de gala me lo sentaron al lado y no veas cómo le daba al alpiste. Y luego, cuando tenía el pico caliente del vino, se puso muy pesado con llevarme de putas. Y yo, en plan: Hostia, Juan Carlos, que yo iría encantado y lo sabes, pero he venido con mi señora, que la tienes sentada enfrente hablando con la tuya, joder, córtate un poco. Y él, nada: Erre que erre. Bueno, ¿y tú qué haces aquí siendo tan joven?

-Me maté hace 4 años en Punta Cana haciendo balconing en el viaje de fin de curso de Empresariales, señor. Me quería lanzar a la piscina desde un quinto piso, pero calculé mal, y…

-JAJAJAJAJAJAJAJA –Mandela detiene el paso, coloca las dos manos sobre el bastón apoyado en el suelo y comienza a reírse, soltando carcajadas muy agudas- Hostia, qué gilipollas… -acierta a decir entre carcajadas y lágrimas en los ojos de tanto reír.

-Oiga, por favor…

Al Premio Nobel de la Paz le cuesta recuperar la compostura. Saca un pañuelo de tela blanca del bolsillo de su rebeca beige, todavía riéndose se seca las lágrimas, guarda el pañuelo, le da una palmada en la espalda a José Miguel y retoma el paso.

-Es que, con todo el respeto chico, ya hay que ser tonto… No entiendo cómo cojones te han dejado de encargado de esto, la verdad.

-Se hace un sorteo. Cada dos meses le toca a uno. Como la presidencia de una comunidad de vecinos más o menos.

-Pues vaya puta mierda. Pensaba yo que el Cielo iba a estar un poco mejor organizado.

-Esto no es el Cielo, señor.

-¿Cómo dices? -detiene su paso de nuevo.

-Estamos en el Limbo.

-¿Te estás quedando conmigo, chaval?

-Mire a su alrededor, señor Mandela. El descampado, el paisaje árido, las casas bungalow de madera… ¿tiene esto pinta de ser el Cielo, señor?

Nelson Mandela se detiene y comienza a gritar una y otra vez “Me cago en la puta hostia” mientras golpea su bastón contra el suelo, consiguiendo que se levante mucho polvo, que acaba amarilleando sus mocasines negros y las Nike blancas de José Miguel, que intenta tranquilizarlo tocándole un hombro.

-¿Por qué no te tocas mejor la polla, chaval? –grita el Nobel de la Paz mientras se zafa con un giro brusco de la mano del chico.

José Miguel da un paso atrás por miedo a recibir un bastonazo y espera, con la maleta en la mano, a que el ex presidente sudafricano termine de desahogarse golpeando el suelo y levantando polvo.

-Esto es la hostia. A ver si me he enterado, José Miguel. –grita Mandela- Me chupo la hostia de años de cárcel por la puta cara, sin haber hecho nada; en vez de salir encabronado, que podría haberlo hecho, salgo de buen rollo en plan hippie comeflores… Es que ni me quejé, ¡me cago en dios! ¿Tú me viste quejarme, José Miguel?

-No, señor.

– Bien. Luego voy y acabo con el Apartheid; -sigue gritando- gano lo del puto mundial de rugby; me reconcilio con los cabrones que me encerraron; ¿Y me toca ir al Limbo? ¿Al puñetero Limbo? ¿En serio? ¿Pero esto qué es, José Miguel? ¿Es una broma? Me cago en la hostia… –el símbolo de la lucha por los derechos civiles levanta el bastón, mirando a los ojos al chaval, que, sin soltar la maleta, da otro paso atrás- Dime que es una puta broma y que ahora va a salir Mahatma Gandhi con un ramo de flores, diciéndome “Tenías que ver la cara que pusiste, Nelson”. ¡Dímelo, José Miguel, o me voy a cagar en tu padre!

-Lo siento, señor. En el informe pone que su lugar es el Limbo. Yo no decido estas cosas.

-¿Qué informe ni qué, pollas, niño?

En este momento, José Miguel abre la cremallera de su cazadora color azul metalizado con rayas blancas, y saca de un bolsillo interior un papel doblado dos veces sobre sí mismo: es el informe sobre Nelson Mandela.

-No debería enseñárselo. No solemos hacerlo con los nuevos residentes, pero ya que…

-Trae eso pacá, copón. –Mandela le quita, dándole un tirón, el informe de la mano a José Miguel mientras éste lo estaba desdoblando, y comienza a leer en voz alta- ¿Spice Girls? ¿Bill Clinton? ¿Arnold Schwarzenegger? ¿Cristiano Ronaldo? ¿Príncipe Carlos de Inglaterra? ¿Bono de U2? ¿Pero qué mierda es esta, José Miguel?

-El todopoderoso es el que hace los informes. Y al parecer, estaba bastante pendiente de con quién se fotografiaba usted, señor.

-¿De lo de la cárcel, la reconciliación, acabar con el Apartheid, el Nobel de la Paz… de eso no pone nada? –pregunta Mandela dándole la vuelta a la hoja de papel, comprobando que sólo está escrita por una cara.

-No. Eso no se ha tenido en cuenta, parece ser. El todopoderoso usa su criterio de una forma un poco… -en este momento José Miguel le hace un gesto a Mandela con los dedos para que se acerque un poco, y le susurra al oído- el Todopoderoso usa el criterio que le sale de los huevos, con perdón, señor. –continúa susurrando- Esto no va como se piensa en la otra vida. Nada que ver. Es todo muy aleatorio. Una vez, por ejemplo, hace seis meses, nos llegó una circular del Todopoderoso avisando de que el nuevo criterio era ser portugués. Si eras portugués, entrabas aquí directamente. Ya podías haber sido un hijo de puta o una bellísima persona. Daba igual. Si eras portugués, al Limbo de cabeza. Sin más explicaciones. Eso duró sólo un par de semanas. Se llenó esto de portugueses. A él le gusta hacer las cosas así. “Justicia Creativa”, lo llama. Es un loco retorcido, en serio. Y hablando de portugueses –en este momento José Miguel vuelve a alejarse de Mandela y recupera el tono de voz normal- hablando de portugueses, le comentaba, que el informe dice que usted en principio iba para el Cielo, pero que su foto con Cristiano Ronaldo hace unos años ha decantado la balanza del lado del Limbo, señor. –José Miguel vuelve a acercarse al oído de Mandela y concluye- el Todopoderoso es muy futbolero y no lo soporta, tiene cruzado a este tío. Dicen que se pone incluso violento cuando el pobre chaval aparece por la tele.

-¿Tienen tele en el Cielo? –pregunta Mandela, en este momento, ya más impresionado por la asombrosa forma de funcionamiento de las cosas en el Más Allá, que enfadado por haber acabado en el Limbo.

-Sí. Allí tienen todos los canales, incluidos los de pago. Aquí en el Limbo sólo tenemos los canales gratuitos. No está mal, pero nada de estrenos de cine, ni de series americanas. Y luego, en el Infierno sólo pillan Telecinco, un canal de mi país.

La mirada de Nelson Mandela hace pensar que su cerebro, en estos momentos, es una vieja esponja empapándose con la nueva información que va recibiendo. Y podría decirse que, una vez pasado el momento del desahogo a bastonazos, además de recibir la información, la asume y la acepta con estoicismo. Si es lo que hay, es lo que hay, parece decir su mirada.

-¿Seguimos caminando, señor?

Mandela asiente con la cabeza y se agarra del brazo de José Miguel con la mano que le queda libre, mientras con la otra sujeta el bastón. Así caminan durante un par de minutos en silencio, hasta que el chaval avisa al Nobel de que han llegado a su destino.

-Aquí tiene la llave de la puerta del bungalow, señor. Su litera es la de abajo.

Mandela mira a José Miguel, preguntándole sin hablar: “¿Qué cojones? ¿Litera de abajo? ¿Comparto habitación?”. El chaval, que no es la mente más brillante de su época, como ya demostró en aquel viaje a Punta Cana, sin embargo no tiene problemas en entender la pregunta con la mirada y responde.

-Comparte usted habitación, señor. Su compañero es también un antiguo mandatario, como usted. Cosas del Todopoderoso. Es alemán. Seguro que lo conoce.

-Con que nunca me traigáis de compañero a Morgan Freeman, me vale. No soporto a ese gilipollas.

José Miguel sonríe y se acerca a Nelson Mandela para despedirse con un abrazo del anciano de quien, sin conocer mucho de su historia por falta de interés por estos asuntos, tantas veces había oído hablar cuando era un niño, luego un adolescente y más tarde un joven, casi Diplomado en Ciencias Empresariales, que vivía en Albacete.

Así se fraguó el anuncio de la Lotería de Navidad

77379_g

El director de cine Pablo Berger baja del taxi que lo ha llevado hasta la Gran Vía y recorre a pie unos metros para llegar al portal del edificio en el que tiene su sede una conocida agencia de publicidad. Al entrar al portal, Pablo se quita la boina que llevaba puesta, una boina estilo retro que compró en H&M hace un par de meses y que él dice que compró en Camden Town hace un par de años.

En la séptima planta espera el Sr. Martínez, director de la agencia, o CEO, como a él le gusta. Está entusiasmado por haber conseguido uno de los encargos más importantes y con más impacto del año: el anuncio de la Lotería de Navidad.

-Soy Pablo Berger. Ganador de 10 Goyas con Blancanieves. Encantado. -Pablo saluda al Sr. Martínez con un apretón de manos en el que sólo el CEO aprieta.

-Bienvenido, Pablo. Siéntate. Estás en tu casa. ¿Quieres algo de beber? –el Sr. Martínez se ajusta los gemelos de la camisa y se mesa su pelo engominado.

-Agua, please. Hablando de agua, en la gala de los Goya tenía la boca tan seca de celebrar premios que no paré de beber agua. Increíble. Awesome.

El CEO responde a la anécdota de los Goya con silencio, se acerca a una especie de nevera que tiene en su amplio despacho y saca una botella de Lanjarón para Pablo, que se lo agradece con una leve sonrisa mientras asiente.

-Oye, ¿qué ha pasado con el calvo de la lotería? No tiene ningún Goya, pero parecía buen tipo. -rompe el hielo Pablo.

-Dicen que se había apropiado del producto. -responde el CEO mientras toma asiento.

-¿Robaba décimos de lotería? -pregunta Pablo Berger con cara de gravedad.

-Ehhh… No, no. Para nada. Bueno… Da igual. Hablemos de futuro, Pablo. Hablemos del nuevo anuncio. Estamos muy orgullosos de que vayas a dirigirlo. Mira, aquí en la agencia pensamos que…

-Tengo la idea muy clara, man. Listen to me. Escúchame- Pablo interrumpe al Sr. Martínez- Todo irá en blanco y negro. You kow? Blancanieves Style. Éxito asegurado. Enanos. Muchos enanos vendiendo lotería. La lotería suele venderla gente con algún hándicap, ¿no? Pues los enanos tienen un hándicap. Su tamaño. Encajará perfectamente en el guión. Seguimos. Go on. Están allí los enanos con sus décimos y de repente ZAS! Llega Maribel Verdú, compra el número que va a salir premiado y… booom!! ¡Goya publicitario para el menda! -Pablo da un gran trago a su botella de agua, satisfecho por la exposición de su idea mientras le guiña un ojo al CEO.

-A ver, Pablo. Nosotros habíamos pensado en otra cosa. Algo más parecido a un videoclip.

-¿Videoclip? Sorry? ¿Perdona?

-Sí. Música. Gente cantando.

-¿Gente cantando? Sorry? ¿Perdona? Maribel no sabe cantar.

-No estábamos pensando en Maribel Verdú para esta campaña.

-Sorry? ¿Perdona?

-Mira, Loterías nos ha encargado un producto potente. Algo que maraville. Una fiesta de belleza, música, espectáculo, emoción. Caras conocidas y queridas por el espectador. Voces portentosas que hagan que los españoles se retuerzan de placer. Un anuncio que haga que el puto espíritu navideño, Pablo, se meta en las venas de esta gran nación. Un anuncio, maldita sea, que haga historia. Nos han encargado la excelencia, Pablo. Y quiero que tú me des esa excelencia. -El Sr. Martínez acaba su arenga dando un enérgico puñetazo sobre la mesa de su despacho.

Amazing! Wow! Qué subidón! Tú sabes cómo convencer a un director, chico. Me han entrado calores. Very hot. –Pablo Berger agarra su boina de H&M, apoyada sobre la mesa y se abanica con ella

-¿Estás dispuesto entonces a prescindir de los enanos y de Maribel?

-¡Que se folle un pez a esa bruja!

-Así me gusta. Miremos al futuro.

I´m looking forward.

-¿Cómo dices, Pablo?

-Nada. Da igual. Mira. Tengo ideas. Un verano que estuve working, perdona, trabajando en London como camarero, conocí a un grupo de música de la escena indie, a propósito, qué cara es la vida en London. ¿Has estado en London? Para mí es la capital cultural de Europa. Bueno, a lo que iba… que estos chicos hacen una música pop psicodélica con un rollito vintage que podría encajar genial con ese espíritu de Navidad en vena que estamos buscando.

-Te lo agradezco mucho, Pablo, pero…

-Podría intentar contactar con ellos de alguna forma.

-No es necesario. Esa parte del trabajo está hecha. Ya tenemos a los elegidos.

-Sorry? ¿Perdona?

-Son cinco protagonistas de un lujo absoluto, Pablo. Son grandísimas estrellas. Este anuncio va a suponer un salto en tu carrera, confía en mí. Va a ser un hito.

-Soy todo oídos. Dame nombres.

El Sr. Martínez saca una carpeta del cajón de su escritorio. En ella, los cinco contratos.

-Te presento a las estrellas, Pablo. – El Sr. Martínez hace un redoble de tambores, golpeando sus dedos índices contra el borde de la mesa para, a continuación lanzar sobre la mesa el dossier con la cara de cada “estrella”- Con el número 1… (redoble) ¡David Bustamante! Simpatiquísimo. Tiene gancho. Tiene fuerza. Es joven. Los jóvenes lo adoran porque no se droga ni viste como un perroflauta. Es elegante. Su mirada es sincera. Es un referente para ellos. Y la gente joven no está invirtiendo lo suficiente en lotería. Es un problema estructural que tiene este país, me han comentado la gente de Loterías del Estado. Pero bueno, eso va a cambiar.

Pablo Berger no dice nada. Se rasca su cabeza sin pelo y se queda mirando fijamente a los ojos de Martínez.

-Con el número 2, redoble de tambores –vuelve a golpear los dedos índices contra el escritorio- un bellezón, tremenda rubia, una chica modernísima, una chica de su tiempo. La recordarás de una vez que fue a cantarle a los soldados en sujetador. ¿Te suena?

-¿Además de a Bustamante habéis contratado a Marta Sánchez?

-¡Bingo, caballero! Seguimos. Con el número 3… -vuelve a hacer la mierda del redoble y lanzar el dossier- ¡La Niña Pastori! La hemos estado investigando y hemos descubierto que es gitana. Una situación muy incómoda. La llamamos para decírselo, y nada, ella ya sabía que era gitana, así que bueno, nos quedamos más tranquilos. Sin embargo, ella se tomó bastante mal el asunto y estuvo a punto de no participar. Pero el dinero lo arregla todo. Loterías del Estado estaban muy interesados en ella para cubrir la couta andaluza y la minoría racial. Se le pagó un poco más y ya está.

Pablo no pestañea. Y parece que no respira. Sólo observa fijamente a Martínez.

-Con el número 4… (redoble) ¡Raphael! Entre tú y yo, Pablo. A Raphael no lo queríamos. Lo vemos ya un poco… chocheando. Pero bueno. Son temas legales. El tipo tiene un contrato blindado de la época de los Pactos de la Transición, que obliga desde hace 40 años a cualquier Gobierno a enterrarlo en billetes al menos tres veces al año. Y este año, pues le ha tocado a Loterías del Estado. Ya te digo. Ha sido impuesto por peces gordos de arriba.

Pablo continúa sin pestañear y ahora parece que se le empieza a abrir la boca hacia un lado. O es del asombro o le está dando un ictus.

-Y con el número 5… Aquí no hago redoble, porque te cuento; con el número 5 hemos tenido un problema, Pablo. La idea era traer a una mujer catalana. Y a ser posible que fuera gorda. No me preguntes. Cosas de políticas territoriales y sociales. El tema de la independencia de Cataluña ha pesado mucho. En fin, que la candidata ideal era Montserrat Caballé. Pero no puede y además no quiere. Una hija de puta la tía. Así que hemos estado hablando con el Museo de Cera y nos la dejan. Habría que darle vidilla al muñeco. Con efectos especiales, a ordenador… no sé. Eso ya es tu trabajo como director. Y que no se note. Tiene que parecer que es Montserrat. Bueno. Pues ese sería el plantel, y este sería tu cheque. ¿Qué me dices? ¿Nos ponemos manos a la obra, Pablo?

Pablo parece un cadáver con los ojos abiertos. Sólo consigue mover los ojos para enfocar su mirada en el cheque. Al ver la cantidad de ceros en él escrita, parece que va recuperando la respiración y parte de la movilidad. Da otro largo trago de agua con el que llega al final de la botella y, al fin, reacciona.

Amazing, man!

Pablo Berger y el Sr. Martínez se ponen en pie, se estrechan la mano, mano que vuelve a dejar floja Pablo, y se despiden.

-Será una gran campaña. Lo presiento.

For sure, man!