Operación Évole en 4 pasos

-En una hora empieza lo del 23F. ¿Lo verás, no?

-Tengo planes. Lo veré por Internet en cuanto pueda.

-¡No!  Tienes que verlo en directo. Créeme. Tengo info de dentro. No te puedo contar más, pero después no tendrá sentido. Hazme caso. Deja lo que estés haciendo. Va a ser la bomba.

Me asaltan con este mensaje por el móvil. Pero también lo hace la familia y los amigos. Los que siguen habitualmente Salvados y los que no. ¿Vas a ver lo del Golpe de Estado? La expectación llama a la expectación y todo el mundo parecía estar anoche pendiente de ver qué tenía que contar sobre el 23F el tío que sacó de la sombra el accidente del metro de Valencia, el tío que nos adelantó que ETA iba a cerrar el chiringuito y nos mostró la hora cero tras su cierre, el tío que nos enseña estaciones de AVE y aeropuertos abandonados, el tío que le hace preguntas incómodas a los políticos, el tío que la semana pasada se sentó ante el representante de las compañías eléctricas para meterle el dedo en el ojo. Había ganas de ver el trabajo sobre el 23F de Évole y su gente. No recuerdo tanta expectación en torno a un evento televisivo desde que Chiquilicuatre se plantó en Eurovisión para hacer su baile en cuatro pasos.

1: El Breikindance

Empieza el programa y el primer disparo no va al techo, como el de Tejero, va directo a la frente. Nos engañaron. El 23F fue un montaje, un invento, un pacto de Estado de los dirigentes del momento que tenía como objetivo reforzar a la Corona y los partidos. La idea es tan loca que parece real.

2: El Crusaíto

Pasan los minutos y uno ya no puede evitar recordar que Jordi Évole empezó siendo el Follonero. José Luis Garci dirigió la película del 23F, con Tejero como protagonista y Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Fraga y Felipe González como secundarios; y Gabilondo de técnico de efectos especiales, Fernando Ónega con la pértiga de sonido y Luis María Ansón de maquillador. Es todo una coña. Y así, una tras otra, el programa avanza y por fin acaba con Jordi Évole explicando que todo era una ficción.

3: El Maiquelyason

Empieza la decepción. El mejor programa de los últimos años, en el que mucha gente confía semana tras semana, el que se pelea contra los grandes, el que ayuda a entender cómo funcionan algunas de las cosas que nos afectan, por algún motivo hoy ha hecho un esfuerzo especial y nos ha pedido a todos que no faltáramos, que nos sentásemos frente a la tele para gastarnos una broma. Vale. La broma ha estado bien. Ha tenido su gracia. Pero en el momento que estamos viviendo en este país, no entiendo todo esto. A mucha gente le ha molestado. Para algunos ha tirado su credibilidad por la borda. Pensar eso me parece exagerado, pero sí creo que han cogido la pistola de Tejero y se han pegado un tiro innecesario en el pie a cambio de gastarnos una muy buena broma. Nos hemos reído, pero no hacía falta.

4: El Robocop

Lunes por la mañana. La gente habla de lo de anoche: El follonero (ya no es Jordi Évole sino el follonero) se ha quedado con todos nosotros. Mi visión empieza a cambiar. Lo de anoche no fue un programa sobre el 23F. Lo de anoche fue un programa sobre la gente que nos sentamos delante de la tele. Lo de anoche va sobre la visión que tenemos de nuestro país. Por un momento dimos como válida la posibilidad de que toda esa gente que participó en el documental se hubiera puesto de acuerdo para engañarnos. Y han sido capaces de guardar el secreto durante 30 años. Esto es España, todo puede ser. Lo de anoche va sobre cómo carajo percibimos la realidad. ¿Podemos llegar a creernos que la CIA le diera un Óscar a Garci como forma de pago a España por hacerse un golpe de estado selfie? ¿Podemos llegar a creernos cualquier cosa? Lo de anoche va sobre lo indefensos que estamos ante la información que nos llega. El programa de anoche iba sobre cómo pueden manipular, y lo hacen, los medios de comunicación que al final de la noticia nunca dicen “oye, que esta noticia ha sido manipulada”. Lo de anoche fue un experimento arriesgado, de esos que pueden salir mal. Lo de anoche fue valiente. Lo de anoche hay que aplaudirlo. Cuando pase un tiempo diremos ¿Dónde estabas tú aquel 23F en el que el follonero se quedó con todos nosotros?

Anuncios

Así se preparó el encuentro entre ETA y los verificadores

eta-entrega-el-inventario-de-las-armas_20808_1

Egoitz y José Carlos, la actual cúpula de ETA, han citado a las 11.30 de la mañana en la puerta de Buckingham Palace a dos miembros de la Comisión Internacional de Verificación, organismo independiente encargado de constatar la efectividad del alto el fuego y desarme de la banda. Luego se desplazarán a un hotel en el que escenificarán la entrega de armas. Hace una mañana soleada en Londres, cosa poco habitual que hace que el número de curiosos que se agolpan a las puertas del Palacio para ver el famoso cambio de guardia sea aún mayor de lo habitual.

-Me cago en la hostia, Egoitz, el puto cambio de guardia. Te lo dije. ¿No podías haberles dicho que los recogíamos en una cafetería? ¿Tenía que ser en la puta puerta de la casa de la Reina de Inglaterra? Y a hora punta, me cago en dios, que verás luego para pillar un taxi hasta el hotel. ¿Tú sabías que esto se hacía a las 11.30, a qué sí? Te estaba viendo las intenciones desde la semana pasada, pero pensé no será tan gilipollas.

– Mira, José Carlos, no me quiero poner a discutir ahora, pero llevamos en Londres ya 6 meses de clandestinidad; siempre te digo que vengamos a verlo, que me han dicho que es un espectáculo que merece la pena, un Must See, y tú nunca quieres. Si por ti fuera, estarías todo el santo día metido en el piso viendo vídeos del Athletic en Youtube. Y no puede ser, José Carlos. Hay que salir más. Con la cantidad de actividad cultural que tiene esta ciudad es un atentado no ir al teatro, a conciertos, al cine… Que tú sabes que yo soy un tío inquieto. Que el año pasado estuve en el Guggenheim nueve veces. Que ya me conocía la señora de la taquilla, que a mí Bilbao se me estaba quedando pequeño, José Carlos…

– Mira, cállate ya, que me estás poniendo la cabeza como un bombo, Egoitz. Y estate atento, que con tanto turista va a ser imposible ver a estos tíos.

– Por las fotos que nos mandaron, uno es un negro rapado con gafas y el otro un viejo gordito con pinta de presidente de equipo de fútbol de segunda.

– Lo sé, hostia. Si las vimos juntos…

– Ah, no sé, como tú estabas viendo los goles de Etxeberría de la 2002/2003 cuando recibimos las fotos, pensé que no les habrías prestando atención…

– Qué pesado eres. Qué ganas de volver a Bilbao y perderte de vista. Y que sepas que van a pensar que somos gilipollas por haberlos citado aquí, en un sitio de turistas. Vamos a parecer unos paletos. Y encima tú, con la puta sudadera de John Lennon y Yoko Ono.

– Dos pounds me costó en el mercadillo de Camden. Te dije que vinieras, que había gangas.

– Que me suda la polla cuánto te costara, Egoitz, cojones. Que tú y yo somos la puta cúpula de ETA ahora mismo. Que no podemos llegar de esta forma a una reunión con verificadores internacionales, coño. Que una imagen de seriedad es importante. Y una sudadera morada de John Lennon metido en la cama con la china ésa no es una imagen seria.

– Pues dicen que John Lennon financiaba al IRA. Eso lo sabe todo el mundo. Ya verás cómo los verificadores pillan el guiño. Muchas veces los del ala dura de la banda estáis tan obsesionados con lo de la imagen seria, que no os dais cuenta de que estamos ya en 2.014. No eres tú más etarra que yo por ir de gabardina y zapatos a las reuniones internacionales, que lo sepas.

– Cállate un poco, por favor te lo pido, que me estás poniendo de los nervios.

– No, es que me hierve la sangre con este tema de la imagen, José Carlos. Que la gente usa filtros de instagram desde hace años para hacer público lo que desayuna; y nosotros para hacer público un alto el fuego, que es bastante más importante que unas tostadas de mermelada con zumo de piña, seguimos ahí, erre que erre con la cámara fija, la capucha y el mismo logo que hace 40 años. Que no hacemos ni un mal giro de cámara. Que hasta el Rey lo hace. Que es desesperante, José Carlos. Es un atentado al gusto. Y os lo llevo diciendo desde que entré. Que vale, que es el sobrino de un histórico de ETA y que estudió diseño gráfico por la privada, y que la universidad ésa tiene mucho nivel, y todo lo que tú quieras, pero que como diseñador el tío ese, es muy malo, José Carlos, es muy malo. Lo cojas por donde lo cojas. Muchos años hemos durado para tener la imagen corporativa que hemos tenido, de verdad te lo digo. Y otra cosa…

– Mira, Egoitz, o te callas de una puta vez o te juro que te pego un tiro en la pierna aquí mismo, en mitad de todo el mundo y la liamos.

– Qué sincronización tiene la guardia ¿eh? Hasta los caballos se mueven igual. Qué cosa más elegante. Te dije que merecía la pena venir a ver esto. Y qué buena la música…

– Qué ganas de volver a Bilbao, me cago en dios- suspira José Carlos.

– Mira, allí- Egoitz señala hacia un punto de la multitud, que observa y graba con sus móviles la ceremonia del cambio de guardia. Entre el gentío, el señor negro rapado y con gafas, y el señor mayor blanco, con pinta de presidente de equipo de fútbol que salían en la foto.

– Sí, son esos.  ¿Llevas las pistolas de plástico, la cámara y las capuchas dentro del maletín, no?- pregunta José Carlos mientras inicia su camino hacia los verificadores, abriéndose paso entre la multitud mientras agarra a Egoitz del brazo para no separarse.

– Sí, y un póster que le compré en Camden al mismo tío de la sudadera. Precioso. Para decorar la escena de la entrega de armas. Ahora compramos fixo antes de subir al hotel y lo colocamos. Ya está bien de hacha y serpiente.

– ¿Un póster de qué?

– Un pintor catalán, creo que es. Pablo Miró. Un dibujo como muy abstracto, ¿sabes?

– Estas cosas no les hacen gracia a los de las cárceles. Y menos gracia le va a hacer al sobrino del histórico. Que sepas que le estás pisando su trabajo. Y eso está muy feo, Egoitz.

– Open your mind, José Carlos.

El ministro obispo

ministroobispo

Fernández Díaz llega al Congreso. Baja de su coche oficial y se dirige hacia el interior del hemiciclo. Bajo su brazo, una carpeta con papeles que leerá ante la comisión. Podría vestir perfectamente sotana y alzacuellos (no olvidemos que Fernández Díaz es un obispo del siglo XVII reencarnado en ministro de Interior 400 años más tarde), pero viste chaqueta y corbata. Chaqueta azul marino y corbata verde Guardia Civil. La elección de los colores no puede ser casual, porque de eso precisamente viene a hablar: del mar y de la Guardia Civil.

Hoy no toca explicar cómo Santa Teresa de Jesús ayuda a nuestra patria en tiempos recios. Hoy no toca comparar el aborto con el terrorismo. Hoy toca subrayar el carácter benemérito que en la historia de España siempre ha tenido la Guardia Civil. Fernández Díaz se sienta y comienza a ofrecer datos de lo ocurrido. La Guardia Civil actuó de manera impecable. Los disparos contra quienes estaban en el agua fueron beneméritos. Los inmigrantes eran ilegales y violentos. ¿Los muertos? Una pena, pero se hizo lo que había que hacer. Además, murieron en aguas marroquís, no españolas. Frialdad absoluta en sus palabras. Está claro que habla el Fernández Díaz ministro de Interior.

Hecho el relato técnico, Fernández Díaz se coloca la sotana y el alzacuellos y la frialdad del ministro deja paso a la piedad cristiana. Comienza a hablar de ese drama que generan las mafias que trafican con personas. Los que hace un minuto eran ilegales a los que se les disparó de forma legal, por obra del Espíritu Santo se acaban de convertir en personas. Personas traficadas. El ahora Obispo Fernández Díaz explica, con sentimentalidad, cómo estas personas pagan grandes cantidades de dinero a sus traficantes para que las trafiquen. Un lío difícil de entender, pero de la homilía se desprende que el drama está en los precios, que están por las nubes. Según el Obispo Fernández, estas personas pagan mucho dinero, y todo para nada, porque luego, al llegar a las costas españolas, la Guardia Civil del Ministro Fernández les dispara como ilegales, cuando pagaron billete de persona. Un follón.

Y en esa delgada línea vive el ministro obispo. Una delgada línea de color gris. Gris de otra época. Gris rancio. Si el gris tuviera un olor, olería a Fernández Díaz. Sería una mezcla entre aroma a despacho de alto cargo e iglesia cerrada.