Historias de Gamonal

Hoy publico Historias de Gamonal con los amigos de Tercera Información:

Viernes por la noche. David  y un par de amigos, vecinos de Gamonal, protestan en la calle Vitoria por el inicio de las obras del bulevar. Tienen alrededor de 20 años. La situación es tensa. Ha habido quema de contenedores y lanzamiento de piedras. La policía se posiciona. Comienzan las cargas y las detenciones de quienes están por la zona. David y sus dos amigos deciden alejarse un poco. Mientras caminan hacia una calle perpendicular a la calle Vitoria ven a lo lejos una furgoneta de la policía parada que, de pronto, arranca a gran velocidad. Va tan rápido que piensan que va a pasar de largo. Pero no. Se para en seco a la altura del grupo y bajan varios antidisturbios. David y los amigos salen corriendo. Porque ya habíamos visto antes cómo se llevaban a muchos que no habían hecho nada. La policía consigue coger a uno de los amigos. David y el otro escapan. De momento.

Durante varios minutos, sus intentos por salir de la “zona cero”, como él la llama, se traducen en carreras infructíferas de un sitio a otro en las que se van encontrando policías en cada esquina. En este momento, ya saben que si pasan cerca de alguna furgoneta, la visitarán por dentro. Siguen deambulando por la zona cuando de un coche sin identificar bajan tres policías que van tras David y el amigo. Yo ya llevaba corriendo demasiado tiempo y ellos eran tres y estaban descansados, no valía la pena correr. Por eso se queda quieto. Un policía menos corpulento que David intenta hacerle un placaje y tirarlo al suelo, pero no lo consigue. David aguanta de pie. Otro compañero policía se acerca por detrás y le coloca unos grilletes. Entre tanto, el amigo ha logrado escapar.

David está detenido y esposado dentro del coche de la secreta. Al cabo de unos minutos llega hasta allí una furgoneta antidisturbios. La policía hace el transbordo de un vehículo a otro. En su interior esperan otros tres detenidos. Con el pasaje completo, arrancan en dirección a la comisaría. En el trayecto los cuatro hablan. Todos coinciden. Es la primera vez que se ven en una situación como esa. Ninguno parece pertenecer a grupos violentos experimentados. Una vez en comisaría a David le quitan las esposas y le obligan a entregar sus pertenencias. Le hacen la ficha policial y lo meten en un calabozo. Llaman a sus padres para comunicarles la detención. Es la 1 de la madrugada. No saldrá de ese calabozo hasta las 5 de la tarde del sábado.

Anabel  es catequista en la Parroquia de la Inmaculada . En una habitación vacía de la iglesia, ocupada sólo por una mesa y unas cuantas sillas, tiene su sede la Asociación Vecinal las eras de Gamonal. Anabel es muchas cosas; estudiante, trabajadora a tiempo parcial y también presidenta de la asociación. Estamos a principios de 2012. Esta tarde se reúne con Mila, Paco, Ana y Nieves  para hablar del plan presentado por el ayuntamiento para su barrio. No les convence la obra del bulevar. No soluciona los problemas de aparcamiento, ni los problemas de tráfico y el coste es elevadísimo. Por temas presupuestarios se están cerrando servicios públicos, se están subiendo impuestos, el alumbrado se enciende más tarde… No tiene sentido un derroche de millones de euros en algo que ni es prioritario, ni soluciona el problema que dice pretender solucionar en el barrio. Desde este momento Anabel y los otros asiduos de la asociación, unas ocho personas en total, empiezan a trabajar. Puerta a puerta, vecino a vecino, escrito a escrito, enfrentamiento tras enfrentamiento con el ayuntamiento y los poderes de la ciudad.

Esta labor de hormiguitas cristaliza año y medio después en la Plataforma Contra el Bulevar. Anabel y el resto abandonan sus reuniones en la pequeña habitación de la parroquia y se trasladan, junto a más gente, que se ha ido uniendo al movimiento, a la Casa de la Cultura, que tiene salón de actos. La primera reunión es un éxito. Más de 60 vecinos se han acercado a participar. El movimiento se mueve. Días más tarde, el aforo de 500 personas del salón de actos está completo y cientos de vecinos se han tenido que quedar a las puertas. A los que no han podido entrar se les informa al terminar la reunión. Dentro se ha acordado una manifestación y una nueva reunión unos días después. El movimiento se hace fuerte.

A las 5 de la tarde del sábado trasladan a David de los calabozos de la comisaría hasta el juzgado. Un nuevo calabozo. De nuevo a esperar. Horas más tarde un policía va a buscarlo. Vuelve a ser esposado. Con los grilletes puestos, sube unas escaleras y llega hasta una sala en la que esperan el juez, el fiscal y el abogado de oficio. Te sientes como un terrorista o algo así. Se le toma declaración. Vuelta al calabozo escaleras abajo y a seguir esperando. Unas horas después vuelven a llamarlo y David vuelve a subir las escaleras, de nuevo esposado, hasta la misma sala. Le anuncian que queda en libertad con cargos y que, por riesgo de fuga, tiene que pasar los días 1 y 15 de cada mes por esos juzgados a firmar, hasta que se celebre el juicio. Son las 4 de la madrugada. Puede irse. Han pasado 27 horas desde que aquel policía secreta lo detuvo. Vuelta a casa. David no lo sabe en ese momento, pero los incidentes del viernes y las detenciones iban a ser la mecha de un incendio social y mediático que pondría a su barrio en el centro de las miradas de todo el país.

El Ministerio del Interior no señala a David, sino a “grupos violentos itinerantes”, llegados de fuera, como responsables de los disturbios que llevan produciéndose ya tres días en Gamonal. Nadie los ha visto. La realidad es que los detenidos resultan ser todos burgaleses, pero el Ministerio apunta y muchos medios de comunicación disparan con esa historia. Por algún motivo no se contempla la hipótesis de vecinos defendiendo sus intereses. Al mismo tiempo, Ana Botella condena los “atentados” de Burgos.

En este contexto, el lunes por la mañana, RNE  conecta en directo con el periodista Paco Peñacoba, que sobre el terreno cuenta cómo hay unas 150 personas concentradas para evitar que se reinicien las obras. Durante la conexión, el periodista recuerda lo sucedido los días anteriores y narra cómo grupos de ciudadanos han actuado de forma violenta, “rompiendo las lunas de algunos comercios”.  En ese momento, un señor le interrumpe: No digas mentiras. Comercios ni uno. Bancos, que entendemos que también son culpables. Bancos. Comercios ni uno. El periodista, a continuación, rectifica: Es probable que comercios no hayan sido atacados. Desde Madrid, Alfredo Menéndez, conductor del programa Las Mañanas de RNE, interviene para exigir que dejen hacer su trabajo con tranquilidad al periodista que estaba dando una información errónea.

La de los medios de comunicación es una trinchera más de esta batalla, que tras unos días de desinformaciones también van ganando los vecinos a base de pedagógicas explicaciones en cada red social, en cada micrófono, en cada cámara de televisión que se les pone por delante. Alberto y Eneko aprovechan un micrófono de radio para responder a acusaciones como las de Ana Botella, Interior o El Diario de Burgos (propiedad de Méndez Pozo, cuya empresa es adjudicataria de las obras de construcción del bulevar): Estamos luchando por las infraestructuras, por los servicios públicos. Y como no tienen argumentos contra esta mayoría del barrio que está aquí, criminalizan el movimiento con unos argumentos que no se sostienen. Los detenidos son gente del barrio. Son gente de aquí. Y lo que está pasando aquí no son actos de violencia. Es un acto de civismo.

Se empiezan a convocar marchas de apoyo a Gamonal a través de las redes sociales. Miércoles. Puerta del Sol de Madrid. Tras la victoria parcial que supone la paralización temporal de las obras de Gamonal, varios cientos de personas se concentran en la capital del país para mostrar su apoyo a los vecinos de este barrio y pedir la libertad de los detenidos. Ana Botwin es una conocida y combativa activista en redes sociales y asidua a este tipo de actos. Ana lleva varios días atenta a todo lo que ocurre en Burgos. A través de twitter especialmente, o de lo que le van contando compañeros periodistas que se han desplazado hasta allí. Ana vuelve a Sol como tantas otras veces durante estos últimos años. Me llamó la atención la cantidad de gente que había, yo me esperaba menos, y el hecho de no ver muchas caras conocidas, lo cual siempre es una buena señal. Había mucha gente joven, algunas banderas, bastante fuerza y consignas combativas. Más tarde la manifestación se desplazó hacia la Gran Vía, donde, como en Burgos, hubo incidentes y detenciones por parte de la policía. Una semana después, Gamonal sigue siendo tendencia en las redes sociales en un extraño matrimonio entre tecnología y lucha a pie de calle que crea pequeños y necesarios efectos mariposa.

Me despido de David por teléfono.

– ¿Has vuelto a bajar a las protestas después de la detención?

– El lunes pasé por la zona, porque ahí es donde pillo el bus para ir a la facultad, pero no me apetece nada bajar. Y encima ahora estoy de exámenes y con lo del juicio y la detención no tengo la cabeza como para estudiar precisamente.

– Oye, han paralizado las obras de momento…

– Sí, lo sé -me dice cambiando el tono de voz, que se vuelve alegre por primera vez en toda la conversación.