La mano invisible tiene pinchos

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Mira esa valla. Separa dos zonas de un campo de fútbol. A un lado, los aficionados que pagaron la entrada barata. Al otro, la zona cara del estadio. Te propongo un juego. Observa bien y adivina en qué lado están los aficionados que pagaron menos. Efectivamente, en el lado hacia el que apuntan los pinchos.

El sistema que ordena el mundo no es teórico. No es esa mano invisible, incolora e inodora que regula la economía y con ella la sociedad, basándose en oferta y demanda. Es falso. Esa mano son estructuras intervencionistas con pinchos. A veces estructuras físicas. Es la valla del campo de fútbol y la valla asesina, cada vez más alta, que separa a Melilla de la gente con hambre. Es la distribución del pasaje del Titanic; en aquel accidente la mayoría de los que murieron viajaban en la zona de tercera clase. Es el pestillo en los servicios públicos de la estación, que sólo se abre si alguien tiene un euro para su urgencia. Es el diseño del mobiliario urbano de las ciudades, que impide que los sin techo duerman ante los ojos del turismo.

Pero sobre todo, la mano invisible son trampas y pinchos legales y políticos. Son gobiernos, acostumbrados a privatizar lo que funciona, tomándose un kit-kat para nacionalizar empresas en ruinas. La mano invisible son políticos europeos amenazando con pobreza al griego, que quiere consultarle al pueblo. Son delitos de corrupción que prescriben justo a tiempo. Son indultos. Son amnistías fiscales. La mano invisible son sobres. Son ERES. Son “no nos consta”. Son jueces apartados de su trabajo por intentar hacer su trabajo. La mano invisible son televisiones arruinadas a base de amigos enchufados y censura. Son aeropuertos sin aviones y estaciones de trenes de alta velocidad sin viajeros. La mano invisible es un “firme usted esto, abuela, no hace falta que lo lea”. La mano invisible es la factura de la luz inflada. La mano invisible que regula la economía son cientos de policías armados protegiendo a los ladrones y atacando a los saqueados. La mano invisible son hospitales públicos, privatizados porque no son rentables, por políticos que luego los gestionarán desde lo privado. La mano invisible son subvenciones millonarias a laboratorios de ideas liberales. La mano invisible son ex presidentes trabajando para las mismas compañías para las que, en realidad, ya trabajaban cuando eran presidentes. La mano invisible que regula la economía basándose en la ley de la oferta y la demanda es un gigantesco banco en Suiza.

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